Ángel Di María tendrá su propio documental: no negocia su palabra de que la Copa América marque su despedida

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MIAMI (enviado especial).- “Algún día se iba a romper la pared; se rompió la pared”. Angelito hablaba con el corazón en la mano, las lágrimas rodando por la cara huesuda, sentado en el césped de la gloria. Ajeno a lo que ocurría a su alrededor, sus compañeros celebrando. Él, con la medalla de campeón en la mano, la que destrabó todo, la que rompió la pared, hablaba al teléfono; del otro lado, su esposa, Jorgelina, la que lo defendió a capa y espada en los tiempos oscuros. “Se rompió la pared”, gritó, cuando puso de rodillas al Maracaná y con su gol pateó la caja de truenos de la selección.

Fue entonces (11 de julio de 2021, final de la Copa América), ni antes ni después, que Ángel Di María desbloqueó angustias. En aquella comunicación a la distancia, en la pandemia que cortó el contacto piel a piel, Fideo inició el camino de redención en la selección argentina.

¡Qué contraste aquel fin de la congoja con la sonrisa grande como el Hard Rock Stadium! La que mostró al salir al campo de juego de la mano de Mía, su hija mayor. Con la cinta de capitán reluciente, en ausencia de Lionel Messi. Hubo casi 65.000 personas, gran mayoría de argentinos, que atronaron con un grito que ya es costumbre: “Fideo, Fideo”. De discutido y lapidado a reverenciado en tres años.

El alivio se ve en su espalda de 36 años. Sin lastre, ya. Con una placa de bronce por cada gol fundamental: aquel de Beijing para la medalla dorada en 2008; el del Maracanazo 2021; el de la Finalissima para imponerse al campeón europeo; el de Qatar para ser los reyes del mundo. No tiene mochila, y ahí va, en esa función-despedida en la que se ha transformado la Copa América 2024. Di María avisó que sería su última vez con la camiseta celeste y blanca y nada podrá convencerlo de lo contrario. Ni una actuación como la de la noche del sábado, ante Perú, en la que fue amo y señor, guía y alma futbolera para el 2 a 0 que cerró la fase de grupos. “Le agradezco a la gente. La verdad es que las ovaciones que estoy recibiendo últimamente en los partidos, para mí son muy especiales. Es algo que venía buscando hace muchísimo tiempo. Después de este último año y medio, que pudimos darles alegrías, tuve ese reconocimiento. Estoy muy feliz”.

Di Maria Con Ln

Pero el no va más es una decisión tomada. Pasaron hasta ahora 143 partidos, y en su lógica optimista deberían ser tres más, el último de ellos en este mismo estadio de Miami, donde se decidirá quién se queda con el trofeo máximo. “Ojalá Dios me dé una más, que sean tres partidos, y a partir de ahí se terminará”.

Levantar la copa sería el broche a una carrera maravillosa, que tuvo un largo camino repleto de espinas. Una vida de película que tendrá su merecido tributo en la pantalla: Netflix avisó que el 12 de septiembre se estrenará un documental sobre Fideo: Angel Di María. Romper la pared.

Sufrió las críticas más despiadadas, pero se levantó para hacernos felices. Ángel Di María: Romper la pared estrena el 12 de septiembre. pic.twitter.com/ncO9Fud3hl

— CheNetflix (@CheNetflix) June 30, 2024

Después de un debut algo deslucido ante Canadá, donde fue titular, Di María irrumpió en el tramo final del partido contra Chile con el ritmo vertiginoso que es su sello. Ante la ausencia de Messi, contra Perú fue quien no solo portó la cinta sino que se encargó de guiar a sus compañeros. Apareció en zonas poco habituales; se puso la 10. Asistió y perforó. Recuperó y generó. El toque para Lautaro Martínez en el primer gol es poesía. Tac, para dejarlo solo frente a Gallese, y coronar una acción de quince pases, otra marca registrada del equipo de Scaloni.

Casi 300 partidos en el PSG, otros 200 en Real Madrid; temporadas exitosas en Juventus, Manchester United y Benfica. Los trofeos se le caen de los bolsillos. Cómo se pudo haber cuestionado la capacidad de un futbolista de primera línea, de un currículum que pocos tienen en la historia del fútbol. Solo en la tierra del exitismo. Pasó. Quedó atrás. Di María hoy está en el Olimpo de la selección argentina.

“No hay manera de que revea mi decisión, es lo último y estoy feliz de que así sea”, dijo una y otra vez en la noche de Miami. Casi al pie del campo de juego, donde vivió otra noche de emociones. Con su hija, con la cinta de capitán y con una asistencia de elite. No hay más angustia en la cara huesuda. Hay, perenne, una sonrisa que es hija del alivio, pero también de la perseverancia. El que nunca se escondió, el que siempre pidió estar para demostrar que estaba para cosas grandes. El hombre de película, que vive a pleno la suya y está cerca de un final feliz.

 

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