Una película sin Julie: una conmovedora metáfora del pasaje al mundo adulto, con el amor por Julie Andrews como guía

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Autor: Fernando Albinarrate. Dirección: Julio Panno. Intérpretes: Lucila Gandolfo. Vestuario: Julio Panno. Escenografía: Julio Panno. Iluminación: Julio Panno. Música: Fernando Albinarrate. Coreografía: Verónica Pecollo. Sala: Teatro Maipo (Esmeralda 443). Funciones: jueves a las 20 h. Duración: 80 minutos. Nuestra opinión: excelente.

Que en la niñez la personalidad se afianza es algo investigado y comprobado a lo largo de la historia. El poeta austríaco Rainer Rilke lo sintetizó en una frase: “La verdadera patria del hombre es la infancia”. Esa podría ser la razón que explica el viaje emocional directo que sentimos cuando determinadas comidas, olores, canciones y películas nos transportan sin escalas a los niños que fuimos. Hay algo que queda fijado allí y no se irá jamás.

Una película sin Julie, el musical que acaba de montar en el Teatro Maipo con la actuación de Lucila Gandolfo, la dirección de Julio Panno y la autoría y música en vivo de Fernando Albinarrate, es un espectáculo que trata sobre el legado y las consecuencias de las fijaciones de la infancia. “¿Quién es esa chica tan linda, que estira así la iu?”, le pregunta una nena de seis años en el intervalo de la película La novicia rebelde a su mamá. El nombre Julie Andrews quedará marcado en el corazón y en la mente de esa pequeña. Julie se convierte en su amiga imaginaria, la voz y la banda sonora de su vida. Cada decepción, cada romance y cada dolor tendrá una canción de la icónica actriz y cantante británica, instalada para siempre en los recuerdos de varias generaciones por sus personajes en Mary Poppins y La novicia rebelde, entre otras películas de la era de oro de Hollywood.

Así planteado el argumento, este musical acompañará distintos momentos en la vida de Miss Catalina Lonely: cada situación tendrá su canción. El repertorio musical incluye los temas emblemáticos de La novicia rebelde, Mary Poppins y Victor Victoria, canciones de Mi bella dama y la película El rey y yo. También hay momentos musicales que si bien no cantó Andrews pertenecen a su época, como los de Amor sin barreras, Funny Girl y Cabaret. Además, aparece la música original de Albinarrate, compuesta especialmente para la obra.

El gran escenario del Teatro Maipo es tomado por una puesta minimalista: en tonos grises, cuatro sillas, una mesa, un piano de cola y un paraguas en lo alto serán los elementos que contienen el espacio, con una consciencia de que ocupan un ambiente no referencial, ya que la gran responsable de hacer el viaje emocional y narrativo de esta historia es la actriz Lucila Gandolfo. Una película sin Julie es Lucila Gandolfo en todos los sentidos: la idea original del espectáculo es de esta intérprete, a partir de su gran amor hacia la figura de Julie Andrews. Algo que queda en evidencia cuando se la escucha cantar con una voz atravesada por la profundidad, los matices y una técnica vocal, que puede emocionar tanto a los expertos en el lenguaje musical como al espectador más novato, que apenas puede entender cómo puede salir de ese cuerpo ese nivel de capacidad vocal. Esta característica la puede compartir con su gran artista evocada. Pero su interpretación no se limita a sus enormes cualidades como cantante, sino que hay en ella una postura corporal en permanente transición, de la infancia a la vejez, de mover las piernas sin parar, a dejar el pecho erguido y estático. Lucila Gandolfo se vuelve pequeña y enorme, una médium de su ídola y al mismo tiempo, su propio ser se eleva en un arte que le es propio y solo le pertenece a ella.

Desde la dirección, Julio Panno confía en la potencia escénica de su artista, centrado en la dirección de actuación, la creación de un espacio que evoca y no se preocupa por ser figurativo y el gran protagonismo que tiene la música, con la interpretación de Albinarrate en vivo, permitiendo que ese piano y esa voz transporten al público a los núcleos narrativos y emocionales que transita la obra.

Universo cinematográfico

El universo de las películas de Andrews también aparece en la vida de la protagonista. Otro punto notable de este espectáculo es que la vida del personaje comienza a ganar una fuerza y una potencia dramática que, por momentos, la figura de la cantante evocada es apenas música de fondo para la ficción. Esta niña con un enorme mundo interior, una gran sensibilidad y una profunda timidez comienza a crecer y a comprender que la vida no es una película, que no hay nada para romantizar en la violencia que vive durante la adolescencia y que algunos hechos simplemente le dejan un trauma feroz, que le quitan mucha de la música con la que ella vivía en sus pensamientos. El relato es una gran metáfora del doloroso pasaje al mundo adulto, cuando muchas veces la capacidad de juego, de felicidad y de conexión con una pulsión vital queda reprimida. Un hecho cambiará para siempre el devenir de esta niña que se vuelve una rígida profesora de inglés y logrará que la música vuelva a aparecer.

Una película sin Julie nos recordará, en definitiva, que la música de la infancia no nos abandona nunca y que apenas se necesita volver a ablandar el corazón y mirar a quienes tenemos cerca, para que vuelva a brotar como un río subterráneo que por fin encuentra su cauce. El arte será siempre de las mejores aguas para navegar.

 

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