River tuvo más delanteros y menos volantes para volver a ganar, pero no se le va la cara de equipo ambivalente y extraño

River volvió a ganar en la noche de la rotación y la fórmula de los tres delanteros de movida en lugar de los cinco volantes. Cortó la racha de cuatro empates seguidos que tanto lo importunaba. No lo hizo con un rendimiento redondo, parejo y solvente. Bien en el primer tiempo y demasiado disperso en el segundo. Otra vez dando esa imagen de equipo ambivalente, de dos caras, extraño, que se acerca a la victoria y en un visto no visto la pone en riesgo. Que no fue el caso de Independiente Rivadavia, tan digno como precario. “Todavía no somos lo que queremos ser”, dijo Martín Demichelis en la conferencia de prensa sobre el estado futbolístico de su equipo.

A River le alcanzó con sus recursos futbolísticos, superiores a los del conjunto mendocino. E impuso la ley del goleador que viene resolviéndole varios pleitos. La ley de Miguel Borja, que está otra vez en la versión previa a sufrir el desgarro.

El calendario aprieta, con el décimo partido en 38 días, la visita en Avellaneda a Independiente y la final del próximo miércoles ante Estudiantes por la Supercopa Argentina. El director técnico ahora echa mano de un plantel más profundo que aquél del que disponía al comienzo de la Copa de la Liga. Volvió Milton Casco, aclamado por los hinchas, tras una operación de meniscos y una inactividad de tres meses y medio. Sebastián Boselli por Leandro González Pirez, el regreso de Nicolás Fonseca, la novedad del tridente ofensivo Solari-Borja-Colidio y el “Diablito” Echeverri como enganche, para que desplegara su creatividad y su desenfado. Descanso para “Nacho” Fernández y Esequiel Barco.

Y una actualización sobre la reacción de los simpatizantes cuando Demichelis es mencionado por los altavoces del Monumental: aplausos a la baja y silbidos cada vez menos desperdigados. En la conferencia de prensa, el entrenador volvió a tirarle flores a los hinchas: “Hay que agradecerles el apoyo, que hayan llenado de vuelta el Monumental en un horario tarde de un día laborable”.

Lo más destacado de River 2 vs. Independiente Rivadavia 0

La lectura previa indicaba que podía ser el encuentro como para repartir esfuerzos y experimentar. El ascendido Independiente Rivadavia llegaba con cinco derrotas consecutivas y un director técnico nuevo, Martín Cicotello, formado en la escuela italiana. Una influencia que se podía notar en su planteo (4-1-4-1).

El River remozado, pensado también en función de la trascendente visita del próximo sábado a Independiente en Avellaneda, se pareció al de las semanas anteriores en su dependencia de Borja para el gol. Empezó desconectado el colombiano, algo malhumorado por los roces con los defensores visitantes. Era el momento en el que River desequilibraba con Facundo Colidio, impensado wing izquierdo, función a la que se adaptó gracias a sus muy buen condiciones técnicas. Sin pique y sin desborde, obviamente, pero con repertorio como para recortar hacia adentro y ser punzante.

Las primeras tres situaciones de gol de River (incluido un cabezazo en un poste) involucraron a Colidio. Independiente había comenzado con la pretensión de presionar cerca de la mitad de la cancha, pero se vio cada vez más arrinconado. Sin tanta elaboración en el medio por la escasez de volantes, River hacía llegar rápidamente la pelota al área, también con las subidas de Marcelo Herrera, criterioso para sacar los centros.

La defensa visitante se venció de manera fácil: en un córner de Echeverri descuidó a Borja, que cabeceó a placer para el 1-0. Sexto gol por la vía aérea en la Copa de la Liga por parte del colombiano, que tenía preparado un festejo con un auto-reconocimiento: fue a buscar una camiseta con el Nº 200, por la cantidad de goles en su carrera profesional.

Con el tanto, Borja se metió definitivamente en el partido, se transformó en el finalizador de los avances. Reventó una pelota en el travesaño en una definición en el área chica. Increíble. El colombiano era el faro: a él lo buscó Solari y el remate del Nº 9 se desvió en Gastón Gil Romero para el 2-0.

Tranquilo con la ventaja de dos goles, River siguió atacando, pero de manera más dispersa. El arquero Gonzalo Marinelli pareció por momentos un aprendiz, por la cantidad de rebotes que concedió. River estaba suelto, pero poco resolutivo, y demasiado estirado en varios pasajes. Franco Armani no tuvo una noche de absoluto relax. Ya antes de cumplirse el primer minuto de juego había sacado un cabezazo de Victorio Ramis. Cicotello hizo cambios ofensivos e Independiente encontró varias zonas liberadas para avanzar. Encontró los mayores límites en Paulo Díaz, el líder defensivo que juega por él y algún compañero despistado, y en la seguridad de Armani.

Llegó el momento de los cambios en River. Echeverri, que había sentido una molestia en una caída, fue reemplazado por Franco Mastantuono, ovacionado en el Monumental, a diferencia del “Diablito”, que genera desafección en el hincha desde el momento en que dijo que no iba quedarse mucho tiempo en el club. Algo que se confirmó a los pocos días, con la transferencia a Manchester City.

El Monumental pasó a entretenerse más con sus cánticos que con lo que pasaba en la cancha. Los hinchas auto-celebraban su fidelidad y su compromiso con un equipo que aprovechó la ocasión de convertirse en el cuarto puntero de la zona A. Una victoria que River no podía dejar pasar de largo. El sábado será otra historia, con otra formación y distinta exigencia, la que le planteará el otro Independiente en Avellaneda.

River volvió a ganar en la noche de la rotación y la fórmula de los tres delanteros de movida en lugar de los cinco volantes. Cortó la racha de cuatro empates seguidos que tanto lo importunaba. No lo hizo con un rendimiento redondo, parejo y solvente. Bien en el primer tiempo y demasiado disperso en el segundo. Otra vez dando esa imagen de equipo ambivalente, de dos caras, extraño, que se acerca a la victoria y en un visto no visto la pone en riesgo. Que no fue el caso de Independiente Rivadavia, tan digno como precario. “Todavía no somos lo que queremos ser”, dijo Martín Demichelis en la conferencia de prensa sobre el estado futbolístico de su equipo.

A River le alcanzó con sus recursos futbolísticos, superiores a los del conjunto mendocino. E impuso la ley del goleador que viene resolviéndole varios pleitos. La ley de Miguel Borja, que está otra vez en la versión previa a sufrir el desgarro.

El calendario aprieta, con el décimo partido en 38 días, la visita en Avellaneda a Independiente y la final del próximo miércoles ante Estudiantes por la Supercopa Argentina. El director técnico ahora echa mano de un plantel más profundo que aquél del que disponía al comienzo de la Copa de la Liga. Volvió Milton Casco, aclamado por los hinchas, tras una operación de meniscos y una inactividad de tres meses y medio. Sebastián Boselli por Leandro González Pirez, el regreso de Nicolás Fonseca, la novedad del tridente ofensivo Solari-Borja-Colidio y el “Diablito” Echeverri como enganche, para que desplegara su creatividad y su desenfado. Descanso para “Nacho” Fernández y Esequiel Barco.

Y una actualización sobre la reacción de los simpatizantes cuando Demichelis es mencionado por los altavoces del Monumental: aplausos a la baja y silbidos cada vez menos desperdigados. En la conferencia de prensa, el entrenador volvió a tirarle flores a los hinchas: “Hay que agradecerles el apoyo, que hayan llenado de vuelta el Monumental en un horario tarde de un día laborable”.

Lo más destacado de River 2 vs. Independiente Rivadavia 0

La lectura previa indicaba que podía ser el encuentro como para repartir esfuerzos y experimentar. El ascendido Independiente Rivadavia llegaba con cinco derrotas consecutivas y un director técnico nuevo, Martín Cicotello, formado en la escuela italiana. Una influencia que se podía notar en su planteo (4-1-4-1).

El River remozado, pensado también en función de la trascendente visita del próximo sábado a Independiente en Avellaneda, se pareció al de las semanas anteriores en su dependencia de Borja para el gol. Empezó desconectado el colombiano, algo malhumorado por los roces con los defensores visitantes. Era el momento en el que River desequilibraba con Facundo Colidio, impensado wing izquierdo, función a la que se adaptó gracias a sus muy buen condiciones técnicas. Sin pique y sin desborde, obviamente, pero con repertorio como para recortar hacia adentro y ser punzante.

Las primeras tres situaciones de gol de River (incluido un cabezazo en un poste) involucraron a Colidio. Independiente había comenzado con la pretensión de presionar cerca de la mitad de la cancha, pero se vio cada vez más arrinconado. Sin tanta elaboración en el medio por la escasez de volantes, River hacía llegar rápidamente la pelota al área, también con las subidas de Marcelo Herrera, criterioso para sacar los centros.

La defensa visitante se venció de manera fácil: en un córner de Echeverri descuidó a Borja, que cabeceó a placer para el 1-0. Sexto gol por la vía aérea en la Copa de la Liga por parte del colombiano, que tenía preparado un festejo con un auto-reconocimiento: fue a buscar una camiseta con el Nº 200, por la cantidad de goles en su carrera profesional.

Con el tanto, Borja se metió definitivamente en el partido, se transformó en el finalizador de los avances. Reventó una pelota en el travesaño en una definición en el área chica. Increíble. El colombiano era el faro: a él lo buscó Solari y el remate del Nº 9 se desvió en Gastón Gil Romero para el 2-0.

Tranquilo con la ventaja de dos goles, River siguió atacando, pero de manera más dispersa. El arquero Gonzalo Marinelli pareció por momentos un aprendiz, por la cantidad de rebotes que concedió. River estaba suelto, pero poco resolutivo, y demasiado estirado en varios pasajes. Franco Armani no tuvo una noche de absoluto relax. Ya antes de cumplirse el primer minuto de juego había sacado un cabezazo de Victorio Ramis. Cicotello hizo cambios ofensivos e Independiente encontró varias zonas liberadas para avanzar. Encontró los mayores límites en Paulo Díaz, el líder defensivo que juega por él y algún compañero despistado, y en la seguridad de Armani.

Llegó el momento de los cambios en River. Echeverri, que había sentido una molestia en una caída, fue reemplazado por Franco Mastantuono, ovacionado en el Monumental, a diferencia del “Diablito”, que genera desafección en el hincha desde el momento en que dijo que no iba quedarse mucho tiempo en el club. Algo que se confirmó a los pocos días, con la transferencia a Manchester City.

El Monumental pasó a entretenerse más con sus cánticos que con lo que pasaba en la cancha. Los hinchas auto-celebraban su fidelidad y su compromiso con un equipo que aprovechó la ocasión de convertirse en el cuarto puntero de la zona A. Una victoria que River no podía dejar pasar de largo. El sábado será otra historia, con otra formación y distinta exigencia, la que le planteará el otro Independiente en Avellaneda.

 

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