Reina roja: como Los ángeles de Charlie, pero ibérico

Reina roja (España/2024). Creadora: Amaya Muruzabal. Elenco: Vicky Luengo, Hovik Keuchkerian, Alex Brendemühl, Celia Freijeiro, Nacho Fresneda, José Angel Egido, Urko Olazábal, Emma Suárez, Eduardo Noriega. Disponible en: Amazon Prime Video. Nuestra opinión: buena.

El libro Reina Roja del español Juan Gómez-Jurado ha sido un inesperado best seller que conjuga el relato policial con la singularidad de su protagonista, la inteligentísima Antonia Scott. El molde de ese diseño narrativo se encuentra en los primitivos relatos del policial del enigma con Sherlock Holmes y Hércules Poirot a la cabeza, tamizados por los tormentos del policial contemporáneo en el que la sagacidad del investigador se combina con traumas del pasado, dones extrasensoriales e incluso componentes del fantástico. Un detective con rasgos extravagantes y dones que lo asemejan a un improbable superhéroe. Algo de ello encarna en Antonia Scott, eje de un cuerpo parapolicial de élite llamado “Reina Roja” y dedicado a combatir los crímenes más espeluznantes de los asesinos más escurridizos. Una especie de Los ángeles de Charlie con una pátina de localismo ibérico, si es que eso es posible.

Ese es el material literario que funciona como punto de partida para Reina Roja, la nueva serie española producida por Prime Video, protagonizada por Vicky Luengo como Antonia Scott y por Hovik Keuchkerian como Jon Gutiérrez, un policía vasco, gay y de buen corazón, que se ve enredado en las intrigas del grupo Reina Roja y las veleidades de su líder, el autodenominado Mentor (Alex Brendemühl). Para despegarse del bagaje literario, la creadora Amaya Muruzábal intenta airear el relato, pensar una puesta en escena dinámica y visual, en sintonía con el funcionamiento de la mente superdotada de su heroína. Esa es la idea que mejor funciona en la serie, y que consagra la estudiada dirección de Koldo Serra en los primeros episodios. De hecho ya en el primero se presenta en simultáneo el intento de suicidio de Antonia, corroída por sus fantasmas personales y el peso de su condición extraordinaria, y la llegada de Gutiérrez a su domicilio, luego de subir infinitas escaleras y despachar a una vecinita entrometida, para revelar la extorsión que lo ha conducido a esa imprevista misión.

A partir de allí, el relato combina la narrativa de asesinos seriales clásica — modus operandi del criminal, presentación de sus víctimas, ideario de su perversión, disparadores que indican sus posibles motivos — con el derrotero de Antonia y Jon en una investigación en paralelo a la oficial, que debe rendir cuentas a Mentor y lidiar con los contratiempos de esa inusual alianza. Estos incluyen los ataques de pánico de Antonia, con monos voladores y demás extravagancias, y los aires campechanos de Jon, junto a la relación con su madre, su persistente apetito y vida de solterón que no quiere complicaciones. Ese borrador de buddy movie concentra el eje del humor para compensar la sordidez de las torturas y el sadismo del asesino. En ese terreno es menos rigurosa que sus modelos, un poco ligera en la astucia del plan y bastante subrayada en la idea de castigar a los ricos por su ambición y mezquindades.

El principal mérito visual de la serie se encuentra en la puesta en escena del funcionamiento de Antonia en las escenas del crimen. La primera es en un barrio cerrado de Madrid donde aparece el cadáver de un adolescente desangrado, con la cabeza seccionada y en pose ritual. Con solo recorrer los ambientes de la mansión mientras la policía conduce el habitual interrogatorio, Antonia es capaz de rastrear presente y pasado de la víctima, detalles de su círculo familiar y el minucioso procedimiento de esa muerte tan macabra. Lo mismo ocurre cuando visita al millonario padre de otra de las víctimas, todavía a merced de su captor. A modo de videojuego, las imágenes se suceden, el espacio se transforma en virtualidad y el tiempo evoca el mecanismo mental de la protagonista. Ingenioso y dinámico, el procedimiento es más funcional que las conversaciones, a menudo signadas por la carga literaria.

Además de Luengo y Keuchkerian — un punto alto del elenco —, la serie cuenta con la participación de reconocidos actores como Eduardo Noriega y Emma Suárez, otros menos populares pero muy solventes como Celia Freijeiro como una de las víctimas, y Nacho Fresneda como el victimario. Reina Roja equilibra sus convenciones y hallazgos, se concibe menos como una serie de cuño español que de aspiraciones internacionales, modelada en las modas del nordic noir y los policiales contemporáneos, marcas indelebles para las ficciones del streaming. La primera temporada se concentra en un único caso, pero establece la duradera dinámica entre los personajes y la concepción de su intriga para subsiguientes misterios e investigaciones.

Reina roja (España/2024). Creadora: Amaya Muruzabal. Elenco: Vicky Luengo, Hovik Keuchkerian, Alex Brendemühl, Celia Freijeiro, Nacho Fresneda, José Angel Egido, Urko Olazábal, Emma Suárez, Eduardo Noriega. Disponible en: Amazon Prime Video. Nuestra opinión: buena.

El libro Reina Roja del español Juan Gómez-Jurado ha sido un inesperado best seller que conjuga el relato policial con la singularidad de su protagonista, la inteligentísima Antonia Scott. El molde de ese diseño narrativo se encuentra en los primitivos relatos del policial del enigma con Sherlock Holmes y Hércules Poirot a la cabeza, tamizados por los tormentos del policial contemporáneo en el que la sagacidad del investigador se combina con traumas del pasado, dones extrasensoriales e incluso componentes del fantástico. Un detective con rasgos extravagantes y dones que lo asemejan a un improbable superhéroe. Algo de ello encarna en Antonia Scott, eje de un cuerpo parapolicial de élite llamado “Reina Roja” y dedicado a combatir los crímenes más espeluznantes de los asesinos más escurridizos. Una especie de Los ángeles de Charlie con una pátina de localismo ibérico, si es que eso es posible.

Ese es el material literario que funciona como punto de partida para Reina Roja, la nueva serie española producida por Prime Video, protagonizada por Vicky Luengo como Antonia Scott y por Hovik Keuchkerian como Jon Gutiérrez, un policía vasco, gay y de buen corazón, que se ve enredado en las intrigas del grupo Reina Roja y las veleidades de su líder, el autodenominado Mentor (Alex Brendemühl). Para despegarse del bagaje literario, la creadora Amaya Muruzábal intenta airear el relato, pensar una puesta en escena dinámica y visual, en sintonía con el funcionamiento de la mente superdotada de su heroína. Esa es la idea que mejor funciona en la serie, y que consagra la estudiada dirección de Koldo Serra en los primeros episodios. De hecho ya en el primero se presenta en simultáneo el intento de suicidio de Antonia, corroída por sus fantasmas personales y el peso de su condición extraordinaria, y la llegada de Gutiérrez a su domicilio, luego de subir infinitas escaleras y despachar a una vecinita entrometida, para revelar la extorsión que lo ha conducido a esa imprevista misión.

A partir de allí, el relato combina la narrativa de asesinos seriales clásica — modus operandi del criminal, presentación de sus víctimas, ideario de su perversión, disparadores que indican sus posibles motivos — con el derrotero de Antonia y Jon en una investigación en paralelo a la oficial, que debe rendir cuentas a Mentor y lidiar con los contratiempos de esa inusual alianza. Estos incluyen los ataques de pánico de Antonia, con monos voladores y demás extravagancias, y los aires campechanos de Jon, junto a la relación con su madre, su persistente apetito y vida de solterón que no quiere complicaciones. Ese borrador de buddy movie concentra el eje del humor para compensar la sordidez de las torturas y el sadismo del asesino. En ese terreno es menos rigurosa que sus modelos, un poco ligera en la astucia del plan y bastante subrayada en la idea de castigar a los ricos por su ambición y mezquindades.

El principal mérito visual de la serie se encuentra en la puesta en escena del funcionamiento de Antonia en las escenas del crimen. La primera es en un barrio cerrado de Madrid donde aparece el cadáver de un adolescente desangrado, con la cabeza seccionada y en pose ritual. Con solo recorrer los ambientes de la mansión mientras la policía conduce el habitual interrogatorio, Antonia es capaz de rastrear presente y pasado de la víctima, detalles de su círculo familiar y el minucioso procedimiento de esa muerte tan macabra. Lo mismo ocurre cuando visita al millonario padre de otra de las víctimas, todavía a merced de su captor. A modo de videojuego, las imágenes se suceden, el espacio se transforma en virtualidad y el tiempo evoca el mecanismo mental de la protagonista. Ingenioso y dinámico, el procedimiento es más funcional que las conversaciones, a menudo signadas por la carga literaria.

Además de Luengo y Keuchkerian — un punto alto del elenco —, la serie cuenta con la participación de reconocidos actores como Eduardo Noriega y Emma Suárez, otros menos populares pero muy solventes como Celia Freijeiro como una de las víctimas, y Nacho Fresneda como el victimario. Reina Roja equilibra sus convenciones y hallazgos, se concibe menos como una serie de cuño español que de aspiraciones internacionales, modelada en las modas del nordic noir y los policiales contemporáneos, marcas indelebles para las ficciones del streaming. La primera temporada se concentra en un único caso, pero establece la duradera dinámica entre los personajes y la concepción de su intriga para subsiguientes misterios e investigaciones.

 

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