Bárbara Lombardo: su fanatismo por su “vecina” Xuxa, el llamado de atención por los falsos gurúes y su nuevo amor

Bárbara Lombardo es una mujer curiosa y ese don la llevó a tener experiencias increíbles, como por ejemplo trabajar en una fundición y hacer una estatua de bronce, sin ninguna experiencia previa como escultora. Vivió y trabajó en México y en Estados Unidos, en la ciudad de Los Ángeles; estudió astrología y se interesó por el budismo tibetano. En diálogo con LA NACION, la actriz repasa su historia, habla de su vínculo con Xuxa, de quien fue muy fan y despertó su interés por el mundo del espectáculo, de su historia de amor con el actor Nicolás García Hume y de las redes sociales, mundo en el que indagó cuando hizo Señora influencer, que puede verse en Prime Video.

-¿Aprendiste a hablar en neutro para hacer Señora influencer?

-Viví en México casi tres años, después volví para hacer El puntero y me fui quedando, pero nunca dejé México. Es el cuarto proyecto que hago allá y ésta fue la primera vez que no pensé en el acento, que me salió naturalmente y no era un obstáculo. Antes, en cambio, me ponía muy nerviosa, sentía que lo hacía pésimo, temblaba. Me gusta actuar natural y todo el tiempo estaba pensando en el neutro, en que no me salía bien. Después de muchos años, ésta vez no pensé en eso y nunca me corrigieron. Fue un logro para mí. Señora influencer es una producción cien por ciento mexicana, creo que soy la única extranjera en el equipo. Mónica (Huarte) es una actriz con una trayectoria impecable y fue un honor trabajar con ella, nos entendimos muy bien. En México es una de las películas más vistas del año y eso me da mucha felicidad. El cine independiente se hace con mucho esfuerzo y sentir el feedback de la audiencia es hermoso, porque uno trabaja para entretener al público.

-La película habla de salud mental y de la importancia de las redes sociales en el mundo de hoy, ¿qué pensaste cuando leíste el guion?

-Lo leí y automáticamente dije que lo quería hacer. No tuve que hacer audiciones, sino que me ofrecieron el rol porque conocían mi trabajo. Me interesa el tema de la salud mental, las redes sociales y también lo que sucede en la relación entre el spitirual coach y el alumno. Hay algo de esa relación que a veces me parece muy útil y valiosa y otras, muy destructiva. Y hoy en redes hay muchos gurúes espirituales. Soy una interesada en la astrología desde mis 18 años y cuando veo lo que está pasando en los últimos años, me impresiona.

-¿Sos astróloga?

-Soy astróloga, hice la formación hace muchos años, pero nunca dejo de aprender. Sigo a astrólogos de diferentes países porque son interesantes los distintos puntos de vista. Empecé a estudiar para mí, para entender mi vida y la de mi familia y a partir de ahí no paré. Es una pasión, un hobby. Pero también veo en redes a mucha gente que habla de meditación, mindfulness y a veces pienso cómo no les da vergüenza, pudor, respeto. No se puede hablar porque sí porque del otro lado hay alguien. A veces no pensamos que se juega con la necesidad. Hay muchos gurús y falsos gurús y es un peligro, por eso está bueno hablar del tema. Por otro lado, pienso que las redes sociales son increíbles. Yo trabajo mucho y me gusta ser honesta en lo que comunico, no todo es negocio. Soy muy fan del maquillaje y todo lo que tiene que ver con el cuidado de la piel. Trabajo con marcas y valoro poder comunicar en las redes. No todo es malo, hay cosas valiosas que se pueden compartir.

-¿Trabajás haciendo cartas natales?

-Trabajo con la astrología, aunque no lo cuento mucho justamente por este tema. Lo hago solamente con recomendados, amigos, familia. Me encanta, la astrología es un camino de ida.

-Alguna vez contaste que te interesaste por la filosofía budista, ¿seguís esa práctica hoy?

-Sí, el budismo tibetano. Me llamó mucho la atención, lo estudié durante varios años y después lo dejé. Elegí seguir estudiando otras cosas cuando descubrí mucha oscuridad también en maestras, maestros, grupos. Hay que tener mucho cuidado y seguir aprendiendo. Me encantan las terapias alternativas, siento que alivian, pero hay que prestar atención y saber si el ambiente en el que estás te debilita o te fortalece. En algunos momentos de mi vida encontré mucho alivio leyendo budismo, psicología, astrología psicológica. Prefiero eso a tomarme una pastilla. Hoy aplico el budismo en muchas cosas, naturalmente. No lo practico, pero hay muchas enseñanzas que son parte de mí. Hoy estoy más enfocada en el cine. Estudié guion con Gabriel Medina y trato de profundizar en el mundo del arte visual. Estoy grabando una serie para Netflix, una comedia romántica con Griselda Siciliani. La estamos pasando muy bien y ojalá puedan verla pronto.

Xuxa y yo

-¿Es verdad que Xuxa fue importante para vos a la hora de elegir ser artista?

-Sí, es verdad. Hay una serie que se está desarrollando sobre Xuxa y sé que van a venir a rodar a Buenos Aires. Me encantaría ser parte. Y por otro lado, me gustaría trasladar lo que viví en una historia para niños. Me interesa la infancia, que a veces puede ser dura y difícil, pero eso hace que también puedas logran un montón de cosas.

-¿Cómo fue tu infancia?

-Tuve una infancia muy linda y diferente porque mi padre se murió cuando yo era muy chiquita, tenía 3 años. Soy la menor de cuatro hermanas. Eso te marca bastante por el dolor y porque te sentís sin protección. Pero nunca me faltó un plato de comida, tuve una madre y una tía abuela muy presentes y creativas y tías que también ayudaron; una casa grande a la que venían amigas y amigos, era como un club. Esa experiencia me atravesó a mí y a mi familia.

-¿Cuándo apareció Xuxa en tu vida?

-Xuxa fue mi vecina. Cuando era chica colaboraba con un negocio familiar y conocía a todo el barrio, porque era muy simpática y dada. Xuxa había llegado al país hacía un año y yo era muy fan suya. Me gustaba lo que decía sobre la naturaleza, los sueños, el baile, las luces de colores, la ropa. Era una estética y un mundo que acá no se veía. Me parecía increíble lo que ella proponía y me hice muy fan, me sabía las canciones, las coreografías. Tendría unos 11 años cuando la conocí, porque se mudó cerca de mi casa y como conocía a todos los encargados de la zona, me dejaron pasar. Y nos vimos, yo a ella y ella a mí. Un poco me adoptaron ella y Marlene y me dejaban ir a los shows con mis amigas y mi tía abuela nos llevaba siempre. Pasé a ser parte del estudio, era un miembro más del equipo. Fue una experiencia que me trajo mucha alegría y ahí entendí que quería estar en un estudio, en un set de filmación. Me acuerdo que pensé: “Esta es mi casa”.

-Xuxa marcó tu destino, entonces…

-Si, sentí que los estudios de televisión eran mi hábitat. Aprecio también que haya inspirado a toda una generación porque fue una de las primeras personas que habló del cambio climático, de no desperdiciar alimentos, de cuidar a los animales. Pero ya antes de conocer a Xuxa sabía que quería ser actriz. Tenía una tía que me llevaba siempre al cine y había algo de eso que me gustaba mucho. Me parecía más divertido ir al cine que quedarme a jugar con las muñecas. Cuando terminé la escuela secundaria decidí estudiar teatro, además de derecho. Me hablaron de la escuela de Julio Chávez, tuve una entrevista con él y me dio vacante. El primer año estuve tímida, pero cuando empezamos a trabajar con textos clásicos algo me pasó y sentí que quería vivir de eso. Dejé Derecho porque no podía hacer la carrera, trabajar en un banco todo el día y a la noche estudiar teatro.

-¿Trabajabas en un banco?

-Si, de 8 a 18, ni bien salí del secundario. Y me iba bien, porque vendía productos bancarios. Iba al banco con un bolso divino, de cuero, que todavía tengo, y un día un jefe me preguntó qué llevaba ahí. Le mostré que tenía la tetera para la improvisación, el vestido, los libros, le conté que estudiaba teatro. Y a las tres semanas me dijo que tenía un amigo que trabajaba en Telefe y que le iba a hablar de mí, porque lo conmovía verme tan comprometida. Fue el destino. Me consiguieron una entrevista con el productor Gustavo Marra, me tomé el 60 que va por Fleming, entré al mismo estudio al que iba de chica a ver a Xuxa y sentí que estaba en casa. Mi primer trabajo en televisión fue Resistiré y, en cine, Cautiva.

-¿Dejaste el banco?

-Si, pero fue re difícil porque vino la crisis de 2001. La plata no alcanzaba, fue un desastre. Me fui a vivir sola y no paré de trabajar.

-Trabajaste en México y en Los Ángeles también, ¿cómo se dio?

-El año pasado gané un premio por Manuela, una película de cine independiente, que se filmó en Los Ángeles. Se hizo en base a improvisaciones. Trabajé con una niña de dos años y medio y fue una experiencia increíble. Estaba en México cuando me avisaron, viajé y me lo gané, fue hermoso. Yo viví en Los Ángeles hasta hace un año. La primera vez fui porque me había enamorado de mi expareja, un norteamericano- brasileño con quien estuvimos juntos durante diez años y hoy es familia. Antes estuve en San Francisco, trabajé en una fundición, construí una estatua en bronce.

-¿Hacés esculturas?

-No, pero me gané una beca. Necesitaba irme, estar en contacto con la naturaleza y salió esa oportunidad. No hago esculturas, pero necesitaban ayudantas y trabajé muy bien. Quería tener la experiencia de estar en otro país, hablar otro idioma y que nadie me conozca. Me gustan los idiomas, hablo bien inglés y también portugués, tengo buen acento.

Enamorada

-Hablemos de amor. Estás de novia con Nicolás García Hume. ¿Lo conociste haciendo La 1-5/18?

-Nos conocíamos de antes, de habernos cruzado, pero en la novela nos hicimos amigos. Me cayó muy bien porque era el alma del grupo. En ese momento estábamos en pandemia, éramos burbuja y salíamos todo el tiempo en grupo. Lo pasamos bomba y nos hicimos muy amigos entre todos.

-¿Conviven?

-No, estamos juntos pero no convivimos. Me gusta vivir sola, tener mi espacio.

-Cuando están juntos, ¿dos actores hablan todo el día de teatro?

-No, pero le pido consejos. El otro día lo llamé para pedirle un consejo para una escena. Nos acompañamos, compartimos. Nuestro trabajo es particular y está bueno que el otro te entienda.

Bárbara Lombardo es una mujer curiosa y ese don la llevó a tener experiencias increíbles, como por ejemplo trabajar en una fundición y hacer una estatua de bronce, sin ninguna experiencia previa como escultora. Vivió y trabajó en México y en Estados Unidos, en la ciudad de Los Ángeles; estudió astrología y se interesó por el budismo tibetano. En diálogo con LA NACION, la actriz repasa su historia, habla de su vínculo con Xuxa, de quien fue muy fan y despertó su interés por el mundo del espectáculo, de su historia de amor con el actor Nicolás García Hume y de las redes sociales, mundo en el que indagó cuando hizo Señora influencer, que puede verse en Prime Video.

-¿Aprendiste a hablar en neutro para hacer Señora influencer?

-Viví en México casi tres años, después volví para hacer El puntero y me fui quedando, pero nunca dejé México. Es el cuarto proyecto que hago allá y ésta fue la primera vez que no pensé en el acento, que me salió naturalmente y no era un obstáculo. Antes, en cambio, me ponía muy nerviosa, sentía que lo hacía pésimo, temblaba. Me gusta actuar natural y todo el tiempo estaba pensando en el neutro, en que no me salía bien. Después de muchos años, ésta vez no pensé en eso y nunca me corrigieron. Fue un logro para mí. Señora influencer es una producción cien por ciento mexicana, creo que soy la única extranjera en el equipo. Mónica (Huarte) es una actriz con una trayectoria impecable y fue un honor trabajar con ella, nos entendimos muy bien. En México es una de las películas más vistas del año y eso me da mucha felicidad. El cine independiente se hace con mucho esfuerzo y sentir el feedback de la audiencia es hermoso, porque uno trabaja para entretener al público.

-La película habla de salud mental y de la importancia de las redes sociales en el mundo de hoy, ¿qué pensaste cuando leíste el guion?

-Lo leí y automáticamente dije que lo quería hacer. No tuve que hacer audiciones, sino que me ofrecieron el rol porque conocían mi trabajo. Me interesa el tema de la salud mental, las redes sociales y también lo que sucede en la relación entre el spitirual coach y el alumno. Hay algo de esa relación que a veces me parece muy útil y valiosa y otras, muy destructiva. Y hoy en redes hay muchos gurúes espirituales. Soy una interesada en la astrología desde mis 18 años y cuando veo lo que está pasando en los últimos años, me impresiona.

-¿Sos astróloga?

-Soy astróloga, hice la formación hace muchos años, pero nunca dejo de aprender. Sigo a astrólogos de diferentes países porque son interesantes los distintos puntos de vista. Empecé a estudiar para mí, para entender mi vida y la de mi familia y a partir de ahí no paré. Es una pasión, un hobby. Pero también veo en redes a mucha gente que habla de meditación, mindfulness y a veces pienso cómo no les da vergüenza, pudor, respeto. No se puede hablar porque sí porque del otro lado hay alguien. A veces no pensamos que se juega con la necesidad. Hay muchos gurús y falsos gurús y es un peligro, por eso está bueno hablar del tema. Por otro lado, pienso que las redes sociales son increíbles. Yo trabajo mucho y me gusta ser honesta en lo que comunico, no todo es negocio. Soy muy fan del maquillaje y todo lo que tiene que ver con el cuidado de la piel. Trabajo con marcas y valoro poder comunicar en las redes. No todo es malo, hay cosas valiosas que se pueden compartir.

-¿Trabajás haciendo cartas natales?

-Trabajo con la astrología, aunque no lo cuento mucho justamente por este tema. Lo hago solamente con recomendados, amigos, familia. Me encanta, la astrología es un camino de ida.

-Alguna vez contaste que te interesaste por la filosofía budista, ¿seguís esa práctica hoy?

-Sí, el budismo tibetano. Me llamó mucho la atención, lo estudié durante varios años y después lo dejé. Elegí seguir estudiando otras cosas cuando descubrí mucha oscuridad también en maestras, maestros, grupos. Hay que tener mucho cuidado y seguir aprendiendo. Me encantan las terapias alternativas, siento que alivian, pero hay que prestar atención y saber si el ambiente en el que estás te debilita o te fortalece. En algunos momentos de mi vida encontré mucho alivio leyendo budismo, psicología, astrología psicológica. Prefiero eso a tomarme una pastilla. Hoy aplico el budismo en muchas cosas, naturalmente. No lo practico, pero hay muchas enseñanzas que son parte de mí. Hoy estoy más enfocada en el cine. Estudié guion con Gabriel Medina y trato de profundizar en el mundo del arte visual. Estoy grabando una serie para Netflix, una comedia romántica con Griselda Siciliani. La estamos pasando muy bien y ojalá puedan verla pronto.

Xuxa y yo

-¿Es verdad que Xuxa fue importante para vos a la hora de elegir ser artista?

-Sí, es verdad. Hay una serie que se está desarrollando sobre Xuxa y sé que van a venir a rodar a Buenos Aires. Me encantaría ser parte. Y por otro lado, me gustaría trasladar lo que viví en una historia para niños. Me interesa la infancia, que a veces puede ser dura y difícil, pero eso hace que también puedas logran un montón de cosas.

-¿Cómo fue tu infancia?

-Tuve una infancia muy linda y diferente porque mi padre se murió cuando yo era muy chiquita, tenía 3 años. Soy la menor de cuatro hermanas. Eso te marca bastante por el dolor y porque te sentís sin protección. Pero nunca me faltó un plato de comida, tuve una madre y una tía abuela muy presentes y creativas y tías que también ayudaron; una casa grande a la que venían amigas y amigos, era como un club. Esa experiencia me atravesó a mí y a mi familia.

-¿Cuándo apareció Xuxa en tu vida?

-Xuxa fue mi vecina. Cuando era chica colaboraba con un negocio familiar y conocía a todo el barrio, porque era muy simpática y dada. Xuxa había llegado al país hacía un año y yo era muy fan suya. Me gustaba lo que decía sobre la naturaleza, los sueños, el baile, las luces de colores, la ropa. Era una estética y un mundo que acá no se veía. Me parecía increíble lo que ella proponía y me hice muy fan, me sabía las canciones, las coreografías. Tendría unos 11 años cuando la conocí, porque se mudó cerca de mi casa y como conocía a todos los encargados de la zona, me dejaron pasar. Y nos vimos, yo a ella y ella a mí. Un poco me adoptaron ella y Marlene y me dejaban ir a los shows con mis amigas y mi tía abuela nos llevaba siempre. Pasé a ser parte del estudio, era un miembro más del equipo. Fue una experiencia que me trajo mucha alegría y ahí entendí que quería estar en un estudio, en un set de filmación. Me acuerdo que pensé: “Esta es mi casa”.

-Xuxa marcó tu destino, entonces…

-Si, sentí que los estudios de televisión eran mi hábitat. Aprecio también que haya inspirado a toda una generación porque fue una de las primeras personas que habló del cambio climático, de no desperdiciar alimentos, de cuidar a los animales. Pero ya antes de conocer a Xuxa sabía que quería ser actriz. Tenía una tía que me llevaba siempre al cine y había algo de eso que me gustaba mucho. Me parecía más divertido ir al cine que quedarme a jugar con las muñecas. Cuando terminé la escuela secundaria decidí estudiar teatro, además de derecho. Me hablaron de la escuela de Julio Chávez, tuve una entrevista con él y me dio vacante. El primer año estuve tímida, pero cuando empezamos a trabajar con textos clásicos algo me pasó y sentí que quería vivir de eso. Dejé Derecho porque no podía hacer la carrera, trabajar en un banco todo el día y a la noche estudiar teatro.

-¿Trabajabas en un banco?

-Si, de 8 a 18, ni bien salí del secundario. Y me iba bien, porque vendía productos bancarios. Iba al banco con un bolso divino, de cuero, que todavía tengo, y un día un jefe me preguntó qué llevaba ahí. Le mostré que tenía la tetera para la improvisación, el vestido, los libros, le conté que estudiaba teatro. Y a las tres semanas me dijo que tenía un amigo que trabajaba en Telefe y que le iba a hablar de mí, porque lo conmovía verme tan comprometida. Fue el destino. Me consiguieron una entrevista con el productor Gustavo Marra, me tomé el 60 que va por Fleming, entré al mismo estudio al que iba de chica a ver a Xuxa y sentí que estaba en casa. Mi primer trabajo en televisión fue Resistiré y, en cine, Cautiva.

-¿Dejaste el banco?

-Si, pero fue re difícil porque vino la crisis de 2001. La plata no alcanzaba, fue un desastre. Me fui a vivir sola y no paré de trabajar.

-Trabajaste en México y en Los Ángeles también, ¿cómo se dio?

-El año pasado gané un premio por Manuela, una película de cine independiente, que se filmó en Los Ángeles. Se hizo en base a improvisaciones. Trabajé con una niña de dos años y medio y fue una experiencia increíble. Estaba en México cuando me avisaron, viajé y me lo gané, fue hermoso. Yo viví en Los Ángeles hasta hace un año. La primera vez fui porque me había enamorado de mi expareja, un norteamericano- brasileño con quien estuvimos juntos durante diez años y hoy es familia. Antes estuve en San Francisco, trabajé en una fundición, construí una estatua en bronce.

-¿Hacés esculturas?

-No, pero me gané una beca. Necesitaba irme, estar en contacto con la naturaleza y salió esa oportunidad. No hago esculturas, pero necesitaban ayudantas y trabajé muy bien. Quería tener la experiencia de estar en otro país, hablar otro idioma y que nadie me conozca. Me gustan los idiomas, hablo bien inglés y también portugués, tengo buen acento.

Enamorada

-Hablemos de amor. Estás de novia con Nicolás García Hume. ¿Lo conociste haciendo La 1-5/18?

-Nos conocíamos de antes, de habernos cruzado, pero en la novela nos hicimos amigos. Me cayó muy bien porque era el alma del grupo. En ese momento estábamos en pandemia, éramos burbuja y salíamos todo el tiempo en grupo. Lo pasamos bomba y nos hicimos muy amigos entre todos.

-¿Conviven?

-No, estamos juntos pero no convivimos. Me gusta vivir sola, tener mi espacio.

-Cuando están juntos, ¿dos actores hablan todo el día de teatro?

-No, pero le pido consejos. El otro día lo llamé para pedirle un consejo para una escena. Nos acompañamos, compartimos. Nuestro trabajo es particular y está bueno que el otro te entienda.

 

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