“Estoy por recibirme de oceanógrafa”: no conoce el mar ni tenía plata para comprarse anteojos, pero una oportunidad cambió su vida

Andrea Benítez tiene 26 años y una mamá que emigró del Paraguay y trabaja como empleada doméstica. Si bien su madre no tuvo la posibilidad de terminar la escuela primaria, les inculcó a ella y a su hermana Karina que estudiaran para tener “un futuro mejor que el suyo”. Su papá, Teodoro, era albañil pero falleció hace tiempo.

Como le encantaban los experimentos, Andrea siempre pensó que sería científica. Por eso, por consejo de su tía Lucila, fue la primera de la familia en completar la secundaria en la Escuela Técnica Química de Avellaneda, aunque viajaba todos los días desde San Francisco Solano.

“Mientras daba clases particulares de Química y vendía ropa de segunda mano en una feria, cursé el CBC para Química en Avellaneda. Cuando me tocó recursar una materia en Ciudad Universitaria, conocí la biblioteca parlante y me enamoré. Me di cuenta de que yo quería estudiar algo acá, pero que no era Química”, recuerda, sentada en las escalinatas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

“En 2018 descubrí Oceanografía, que me hacía soñar con un futuro de campañas, viajes y aventuras, y me cambié. Vengo de una familia donde nadie conoce el mar. Me costaba tanto que estuve a punto de abandonar, pero conseguí la Beca Sadosky, que me salvó la carrera y mucho más”, asegura.

Leer el pizarrón por primera vez

“Yo no me daba cuenta de que no veía hasta que me tocó hacer Matemática y Física en el Aula Magna de la facultad. No leía el pizarrón, sino que copiaba de mi compañero de al lado. Y entonces, con la primera beca, fui al oculista y me compré anteojos. Sentía que veía en HD, estaba feliz”, relata con una enorme sonrisa.

“La beca no solo me permitió pagar los alimentos y los servicios en mi casa, sino que además la tutora Daniela Choiza me acompañó y me ayudó a tranquilizarme y ordenarme. Tanto, que me empezó a ir bien. Para recibirme, me falta cursar dos materias y entré en un proyecto con el profesor Diego Moreira sobre la sedimentación en el Río de la Plata para hacer mi tesis. Tengo las expectativas de recibirme en marzo de 2025″, cuenta feliz.

Desigualdad en el acceso a la universidad

El informe “Desigualdad educativa en el nivel superior”, de Fiel y el Observatorio de Argentinos por la Educación, indica que solo dos de cada 10 jóvenes de las familias más vulnerables acceden a la universidad. Ellos representan el 7,9% del alumnado en primer año, pero apenas el 1,1% en quinto.

“Al observar la permanencia en la universidad, se muestra que a medida que avanzan los años de educación, los y las alumnas del primer decil tienden a representar un porcentaje cada vez menor del alumnado. Mientras que lo contrario pasa con el decil más alto de la población, que pasa de representar un 5,3% en el primer año, a un 12,7% en el quinto”, indican los autores Ivana Templado, Gabriela Catri, Martín Nistal y Víctor Volman.

Andrea y Darío van a recibirse gracias a sus enormes esfuerzos y a las Becas Sadosky, que cumplen 20 años, como ya lo hicieron otros 88 estudiantes de familias vulnerables. Son el 42 por ciento de los poco más de 200 becarios en la historia de las becas, un número levemente superior al promedio de graduación de la facultad.

El secretario de Extensión, Cultura Científica y Bienestar Francisco Romero explica: “Cada año se eligen entre 8 y 12 becarios (el año pasado hubo 19), para sumarse a un total de entre 40 y 50 que están repartidos en todas las carreras de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales: Atmósfera, Biología, Ciencias de Datos, Computación, Física, Geología, Matemáticas, Química, Oceanografía y Ciencia y Tecnología de Alimentos”.

“A todos se les brinda un monto mensual, que ahora está en 160.000 pesos, más las becas de comedor, fotocopias, material de estudio y kit de laboratorio si fuera necesario. Además, desde 2022 les damos una laptop, porque la mayoría no tenía computadora y no podían cursar durante la pandemia”, agrega.

“Para realizar la selección de los becarios se establece un orden de prioridades según la situación económica personal y familiar. Luego se realizan entrevistas en la facultad y finalmente en las casas de los candidatos, a cargo de asistentes sociales”, refiere Diego Picco, el coordinador general de Becas, quien junto con Daniela Chiezza son los orgullosos tutores de los becarios.

El sueño de ser palentontólogo

Darío Idiart, de 31 años, viaja todos los días desde Marcos Paz para estudiar Paleontología. “Cuando era chiquito miraba los documentales de la Tierra y los dinosaurios y soñaba con hacer excavaciones”, cuenta en un descanso de sus estudios de verano en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.

Pero la vida lo llevó por un camino distinto. Creció en una casa donde su mamá Mirian (peluquera, costurera, masajista, profesora de yoga) y su papá Omar (plomero y gasista) terminaron la escuela primaria y empezaron a trabajar. Y lo anotaron en la escuela técnica con orientación electromecánica para ayudar en la economía de la familia, que se completa con otros cinco hijos.

Darío trabaja desde los 8 años, cuando vendía por la calle las mochilas y las cartucheras que cosía su mamá. A los 12 ya empezó a ayudar a su papá en las construcciones. “Y mientras hacía la secundaria doble turno, me fui creyendo la historia técnica y me olvidé de mis sueños”, reflexiona.

Un día decidió anotarse en el CBC de Moreno, pero le tocó la sede de Lobos, muy lejos de su casa. Muchas veces le tocó no comer en todo el día y dormir en la estación, porque el último tren nunca llegaba.

Jurassic World, la película que le cambió la vida

“Entré en Ingeniería Industrial y, aunque había sido el mejor alumno y el abanderado, no lograba aprobar materias, me frustraba mucho y tenía problemas de ansiedad y estrés. En 2015 vi la película Jurassic World y decidí recuperar mi sueño. Me anoté en Paleontología y dos años después me salió la Beca Sadosky”, cuenta.

“Al comienzo seguía trabajando con un abogado, pero me di cuenta de que no podía estudiar ni descansar, por eso lo dejé en 2019. Mi tutor Diego Picco me ayudó mucho a organizarme y, con su ayuda, empecé a dar clases particulares de Química. Entonces me empecé a mantener mientras también ayudaba a mi familia, lo cual vino genial, porque mi mamá y mi viejo se quedaron sin trabajo en la pandemia”, relata Darío.

Incansable, Darío también trabaja en el evento Era Cretácica en La Rural y el equipo de divulgación de la facultad y ya terminó de cursar. “Me faltan tres exámenes finales y la tesis sobre artrópodos, y espero recibirme en diciembre. Está difícil acceder a una beca doctoral o un posgrado, pero me gustaría seguir estudiando. La Beca Sadosky me permitió por primera vez disfrutar y completar la carrera”, asegura con orgullo.

Más información

Para consultar por las diferentes becas en la facultad de Ciencias Exactas y Naturales (transporte, comedor, fotocopias, material de estudio, kit de laboratorio y Sadosky) hay que presentarse en la Secretaría de Extensión, Cultura Científica y Bienestar (Pabellón 2 de Ciudad Universitaria), consultar el sitio web o escribir por mail a becas@de.fcen.uba.ar.También se puede colaborar económicamente con el Programa de Becas Sadosky para multiplicar el acceso a la beca a más personas.

Andrea Benítez tiene 26 años y una mamá que emigró del Paraguay y trabaja como empleada doméstica. Si bien su madre no tuvo la posibilidad de terminar la escuela primaria, les inculcó a ella y a su hermana Karina que estudiaran para tener “un futuro mejor que el suyo”. Su papá, Teodoro, era albañil pero falleció hace tiempo.

Como le encantaban los experimentos, Andrea siempre pensó que sería científica. Por eso, por consejo de su tía Lucila, fue la primera de la familia en completar la secundaria en la Escuela Técnica Química de Avellaneda, aunque viajaba todos los días desde San Francisco Solano.

“Mientras daba clases particulares de Química y vendía ropa de segunda mano en una feria, cursé el CBC para Química en Avellaneda. Cuando me tocó recursar una materia en Ciudad Universitaria, conocí la biblioteca parlante y me enamoré. Me di cuenta de que yo quería estudiar algo acá, pero que no era Química”, recuerda, sentada en las escalinatas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

“En 2018 descubrí Oceanografía, que me hacía soñar con un futuro de campañas, viajes y aventuras, y me cambié. Vengo de una familia donde nadie conoce el mar. Me costaba tanto que estuve a punto de abandonar, pero conseguí la Beca Sadosky, que me salvó la carrera y mucho más”, asegura.

Leer el pizarrón por primera vez

“Yo no me daba cuenta de que no veía hasta que me tocó hacer Matemática y Física en el Aula Magna de la facultad. No leía el pizarrón, sino que copiaba de mi compañero de al lado. Y entonces, con la primera beca, fui al oculista y me compré anteojos. Sentía que veía en HD, estaba feliz”, relata con una enorme sonrisa.

“La beca no solo me permitió pagar los alimentos y los servicios en mi casa, sino que además la tutora Daniela Choiza me acompañó y me ayudó a tranquilizarme y ordenarme. Tanto, que me empezó a ir bien. Para recibirme, me falta cursar dos materias y entré en un proyecto con el profesor Diego Moreira sobre la sedimentación en el Río de la Plata para hacer mi tesis. Tengo las expectativas de recibirme en marzo de 2025″, cuenta feliz.

Desigualdad en el acceso a la universidad

El informe “Desigualdad educativa en el nivel superior”, de Fiel y el Observatorio de Argentinos por la Educación, indica que solo dos de cada 10 jóvenes de las familias más vulnerables acceden a la universidad. Ellos representan el 7,9% del alumnado en primer año, pero apenas el 1,1% en quinto.

“Al observar la permanencia en la universidad, se muestra que a medida que avanzan los años de educación, los y las alumnas del primer decil tienden a representar un porcentaje cada vez menor del alumnado. Mientras que lo contrario pasa con el decil más alto de la población, que pasa de representar un 5,3% en el primer año, a un 12,7% en el quinto”, indican los autores Ivana Templado, Gabriela Catri, Martín Nistal y Víctor Volman.

Andrea y Darío van a recibirse gracias a sus enormes esfuerzos y a las Becas Sadosky, que cumplen 20 años, como ya lo hicieron otros 88 estudiantes de familias vulnerables. Son el 42 por ciento de los poco más de 200 becarios en la historia de las becas, un número levemente superior al promedio de graduación de la facultad.

El secretario de Extensión, Cultura Científica y Bienestar Francisco Romero explica: “Cada año se eligen entre 8 y 12 becarios (el año pasado hubo 19), para sumarse a un total de entre 40 y 50 que están repartidos en todas las carreras de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales: Atmósfera, Biología, Ciencias de Datos, Computación, Física, Geología, Matemáticas, Química, Oceanografía y Ciencia y Tecnología de Alimentos”.

“A todos se les brinda un monto mensual, que ahora está en 160.000 pesos, más las becas de comedor, fotocopias, material de estudio y kit de laboratorio si fuera necesario. Además, desde 2022 les damos una laptop, porque la mayoría no tenía computadora y no podían cursar durante la pandemia”, agrega.

“Para realizar la selección de los becarios se establece un orden de prioridades según la situación económica personal y familiar. Luego se realizan entrevistas en la facultad y finalmente en las casas de los candidatos, a cargo de asistentes sociales”, refiere Diego Picco, el coordinador general de Becas, quien junto con Daniela Chiezza son los orgullosos tutores de los becarios.

El sueño de ser palentontólogo

Darío Idiart, de 31 años, viaja todos los días desde Marcos Paz para estudiar Paleontología. “Cuando era chiquito miraba los documentales de la Tierra y los dinosaurios y soñaba con hacer excavaciones”, cuenta en un descanso de sus estudios de verano en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.

Pero la vida lo llevó por un camino distinto. Creció en una casa donde su mamá Mirian (peluquera, costurera, masajista, profesora de yoga) y su papá Omar (plomero y gasista) terminaron la escuela primaria y empezaron a trabajar. Y lo anotaron en la escuela técnica con orientación electromecánica para ayudar en la economía de la familia, que se completa con otros cinco hijos.

Darío trabaja desde los 8 años, cuando vendía por la calle las mochilas y las cartucheras que cosía su mamá. A los 12 ya empezó a ayudar a su papá en las construcciones. “Y mientras hacía la secundaria doble turno, me fui creyendo la historia técnica y me olvidé de mis sueños”, reflexiona.

Un día decidió anotarse en el CBC de Moreno, pero le tocó la sede de Lobos, muy lejos de su casa. Muchas veces le tocó no comer en todo el día y dormir en la estación, porque el último tren nunca llegaba.

Jurassic World, la película que le cambió la vida

“Entré en Ingeniería Industrial y, aunque había sido el mejor alumno y el abanderado, no lograba aprobar materias, me frustraba mucho y tenía problemas de ansiedad y estrés. En 2015 vi la película Jurassic World y decidí recuperar mi sueño. Me anoté en Paleontología y dos años después me salió la Beca Sadosky”, cuenta.

“Al comienzo seguía trabajando con un abogado, pero me di cuenta de que no podía estudiar ni descansar, por eso lo dejé en 2019. Mi tutor Diego Picco me ayudó mucho a organizarme y, con su ayuda, empecé a dar clases particulares de Química. Entonces me empecé a mantener mientras también ayudaba a mi familia, lo cual vino genial, porque mi mamá y mi viejo se quedaron sin trabajo en la pandemia”, relata Darío.

Incansable, Darío también trabaja en el evento Era Cretácica en La Rural y el equipo de divulgación de la facultad y ya terminó de cursar. “Me faltan tres exámenes finales y la tesis sobre artrópodos, y espero recibirme en diciembre. Está difícil acceder a una beca doctoral o un posgrado, pero me gustaría seguir estudiando. La Beca Sadosky me permitió por primera vez disfrutar y completar la carrera”, asegura con orgullo.

Más información

Para consultar por las diferentes becas en la facultad de Ciencias Exactas y Naturales (transporte, comedor, fotocopias, material de estudio, kit de laboratorio y Sadosky) hay que presentarse en la Secretaría de Extensión, Cultura Científica y Bienestar (Pabellón 2 de Ciudad Universitaria), consultar el sitio web o escribir por mail a becas@de.fcen.uba.ar.También se puede colaborar económicamente con el Programa de Becas Sadosky para multiplicar el acceso a la beca a más personas. 

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