Una atrevida que se volvió exitosa con medialunas argentinas en París y Messi, Antonella y Wanda las recomendaron: “¿A ver qué sale?”, pensó

Aunque ese mágico envoltorio dulce hojaldrado es un clásico francés, se cree que se originó en Viena. Según la leyenda, fue creado en 1683 para celebrar la victoria del ejército austríaco sobre los turcos durante el asedio de esa ciudad y su forma evoca el símbolo de la bandera otomana.

Estuvo en manos de la archiduquesa de Austria, María Antonieta, el introducir el croissant en Francia en la década de 1770, cuando se convirtió en reina. Un panadero parisino se especializó en su elaboración, aunque mantuvo en secreto la receta. Recién se popularizó 60 años más tarde, cuando una panadería vienesa se instaló en París para vender especialidades austríacas. Allí comenzaron a hacer sus propias versiones los parisinos.

Tan atrevida como los franceses

Con el mismo atrevimiento que los ciudadanos franceses se apropiaron y extendieron una tradición ajena, Galia Navarro tuvo la osadía de salir a competir en la especialidad local. Es propietaria de Fratina, una combinación de Francia y Argentina. Pero la historia empezó hace tiempo.

Galia nació en Capital Federal, en el seno de una familia que completaron sus padres y dos hermanos. Recuerda su niñez como un tiempo muy sereno, no le gustaban para nada las muñecas y tampoco era de esas nenas que amaba cocinar. Su afición era más cercana a la de sus hermanos y primos: los autitos de carrera, las peleas o jugar al aire libre a la pelota. Cuando terminó la secundaria estudió administración de empresas, aunque en realidad no sabía bien a qué dedicarse. Todos sus trabajos en Buenos Aires fueron de oficina, un clásico de nueve a dieciocho. “Pero había algo, siempre, que no me terminaba de cerrar, no me sentía del todo cómoda, pero al mismo tiempo tampoco sabía muy bien qué hacer. Siempre tuve ganas de vivir una experiencia en el extranjero. Me gusta viajar a donde sea, como sea. Entonces empecé a pensar que quizás podía estudiar algo más y hacerlo por algunos meses en el extranjero, como para que fuera algo útil y no solo irme de viaje”.

Merodear e, inesperadamente, vivir

El primer destino en el que pensó fue Brasil porque estaba cerca, sabía el idioma y pensaba que iban a ser solo seis meses. Había empezado la carrera de marketing y había hablado con la universidad para ver si podía realizar un máster allá, pero no resultó. “Eso me enojó y me puso muy triste al mismo tiempo -relata-. Después de eso decidí viajar, dejé mi trabajo y partí sola. Me fui haciendo amigos por todos lados y eso me voló la cabeza, me encantó. Después de ese viaje cuando volví a Argentina seguí pensando en qué podía hacer para seguir dando vueltas por el mundo”.

En ese momento volvió la idea del máster. Lo primero que averigüé fue el tema del idioma. Y Francia se convirtió en una opción bastante rápido. “No lo analicé demasiado -recuerda-. Había visto un par de universidades en Francia y ahí comenzó mi camino acá, sin imaginarme que me iba a quedar definitivamente”.

Lo más difícil de migrar para Galia es extrañar. “En mi caso, todo. Muchísimo a la familia y a los amigos, las comidas, el clima, acá hace mucho más frío. Ahora con el celular y las redes sociales siento que estoy bastante más conectada que lo que fue hace un tiempo, pero me gustaría que viva todo el mundo acá”. Otros temas que la afectan es la frialdad de la gente y la oscuridad. “Ahora es invierno y oscurece a las cinco de la tarde. A veces amanecés y a las pocas horas ya es de noche “, cuenta. Aunque tuvo muy buenas experiencias, Galia nunca dejó de extrañar y siempre está tratando de convencer a todo el mundo para que viaje. “Igual hoy me encuentro muy feliz -continúa-. Acabo de ser mamá. Hoy vivo con mi novio y nuestra hija, que tiene casi dos meses. Mi vida dio un vuelco por completo, pero no me arrepiento de nada. Estoy muy feliz”.

Me dije, ¿por qué no probar y ver qué sale?

Cuando se le pregunta cómo comenzó Fratina, asegura que debió pensarlo mucho, y no sabe exactamente como fue. “El recuerdo más somero que tengo es que empecé a cocinar para mi en casa, porque amo comer real -relata-. En Argentina quise estudiar pastelería pero el día que me fui a inscribir, me terminé anotando en la carrera de chef. Cursé solo un año, durante el que la pasé increíble, pero lo dejé porque siempre pensaba que era solo un hobby. Lo cambié por marketing digital. Ahora pienso que fui pivoteando entre diferentes cosas y me arrepiento de no haber pensado mejor qué era lo que efectivamente me gustaba”. Estando en Francia le empezaron a hacer falta las costumbres típicas de Argentina. “Amo los alfajores y las medias lunas -sigue-. Me dije, ¿por qué no probar y ver qué sale? Mi novio fue de gran ayuda en el proceso porque fue difícil, me desmotivaba demasiado rápido, pero él siempre me alentaba. Incluso en la pandemia, un momento que no colaboró, pero bueno puede salir adelante”.

Ese es el recuerdo primigenio de Fratina: probando recetas. “Cuando vi que el resultado era increíble y comí las primeras medialunas, me dije, estoy en Argentina”.

Cuando la felicidad por los sabores reconocibles rebozaba, la siguiente meta se convirtió en una tentación irresistible: “¿y si pruebo con mi pastelería?”, se desafió Galia. Primero se tentó con la importante comunidad de argentinos que es bastante numerosa. Las cosas salieron muy bien. Tiene una amplia clientela de coterráneos y latinos, pero también una gama fiel de franceses que se dejaron tentar por los “croissant a la argentina”.

“Lo más complicado en un principio fue encontrar proveedores, porque no conocía a nadie -revela-. Entonces, empecé de cero y todo en francés. Más allá de que entendía mucho más el idioma que cuando recién había llegado, no conocía ni lugares ni gente que hiciera lo mismo que yo como para poder asesorarme o aprender de ellos, tener idea de cómo manejar las redes sociales, las compras, las entregas… Fue un súper desafío porque, además, me daba mucha vergüenza, pero necesitaba darme a conocer para llegar a mi público”.

Crear su propia marca y los famosos argentinos

Al principio, cuando lanzó su propuesta en Instagram, decidió no aparecer ella en persona, sino darle espacio a sus creaciones. “Estuve un año sin dar la cara y lo peor de todo es que había estudiado marketing digital, y estando del otro lado, asesorando a alguien, todas las recomendaciones que yo le daría a otro es todo lo que yo no hice. Aún sigo a veces sin hacer lo que recomienda la ortodoxia del manejo de las redes, porque es muy difícil cuando sos vos para vos mismo, y más que nada porque me da bastante vergüenza aparecer ahí en la pantalla, Aunque no es necesario al cien por ciento que uno aparezca, sí es cierto que humaniza bastante a la marca”.

¿Cómo se animó en casa de los especialistas a competir con un producto que está en el corazón de los franceses? Con mucho de atrevimiento y otro tanto de profesionalismo. “Acá la pastelería es perfecta, elegante, deliciosa, pero no nos llega al alma como una buena medialuna rellena de dulce de leche o un alfajor de maicena casero, sobre todo cuando es algo que no podés conseguir y comprar todos los días a la vuelta de tu casa -explica Galia-. Mis clientes me agradecen bastante por eso. Es un viaje hermoso con todos los sentidos”.

Recibió una ayuda impagable de los argentinos que eran jugadores del PSG por entonces, Ángel Di María, Lionel Messi, su esposa Antonella y Wanda Nara, quienes de forma desinteresada compartieron su proyecto en sus propias redes. “Cuando me hablaron por primera vez -recuerda- yo estaba en shock, no podía creerlo y sigo sin hacerlo”. La eligieron todo el tiempo que pasaron en París, por eso recuerda con tristeza la partida de Messi y Antonella.

Hoy afirma que se encuentra en una situación bastante desafiante. “Con mi bebé me tengo que organizar súper bien para poder llegar a todo -explica-. Mi prioridad es mi hija, pero no voy a dejar de trabajar de la manera que lo venía haciendo. Para poder llegar a mis clientes, que son fieles ahora, mi idea no es expandirme, sino poder cumplir con sus expectativas, pensando en lo que se viene para un futuro a mediano plazo. Hoy entrego pedidos en toda Francia y mi mi idea es en un futuro poder llegar a todo Europa.

Galia se atrevió a competir en Francia con uno de los productos emblemáticos de la patisserie local. No sólo se convirtió en emblema de los croissants en la Ciudad Luz, sino que también ahondó en la oferta y ofrece empanadas típicas argentinas y otro tipo de confituras, además, ya sumó otro punto de venta en Champs sur Marne.

Aunque ese mágico envoltorio dulce hojaldrado es un clásico francés, se cree que se originó en Viena. Según la leyenda, fue creado en 1683 para celebrar la victoria del ejército austríaco sobre los turcos durante el asedio de esa ciudad y su forma evoca el símbolo de la bandera otomana.

Estuvo en manos de la archiduquesa de Austria, María Antonieta, el introducir el croissant en Francia en la década de 1770, cuando se convirtió en reina. Un panadero parisino se especializó en su elaboración, aunque mantuvo en secreto la receta. Recién se popularizó 60 años más tarde, cuando una panadería vienesa se instaló en París para vender especialidades austríacas. Allí comenzaron a hacer sus propias versiones los parisinos.

Tan atrevida como los franceses

Con el mismo atrevimiento que los ciudadanos franceses se apropiaron y extendieron una tradición ajena, Galia Navarro tuvo la osadía de salir a competir en la especialidad local. Es propietaria de Fratina, una combinación de Francia y Argentina. Pero la historia empezó hace tiempo.

Galia nació en Capital Federal, en el seno de una familia que completaron sus padres y dos hermanos. Recuerda su niñez como un tiempo muy sereno, no le gustaban para nada las muñecas y tampoco era de esas nenas que amaba cocinar. Su afición era más cercana a la de sus hermanos y primos: los autitos de carrera, las peleas o jugar al aire libre a la pelota. Cuando terminó la secundaria estudió administración de empresas, aunque en realidad no sabía bien a qué dedicarse. Todos sus trabajos en Buenos Aires fueron de oficina, un clásico de nueve a dieciocho. “Pero había algo, siempre, que no me terminaba de cerrar, no me sentía del todo cómoda, pero al mismo tiempo tampoco sabía muy bien qué hacer. Siempre tuve ganas de vivir una experiencia en el extranjero. Me gusta viajar a donde sea, como sea. Entonces empecé a pensar que quizás podía estudiar algo más y hacerlo por algunos meses en el extranjero, como para que fuera algo útil y no solo irme de viaje”.

Merodear e, inesperadamente, vivir

El primer destino en el que pensó fue Brasil porque estaba cerca, sabía el idioma y pensaba que iban a ser solo seis meses. Había empezado la carrera de marketing y había hablado con la universidad para ver si podía realizar un máster allá, pero no resultó. “Eso me enojó y me puso muy triste al mismo tiempo -relata-. Después de eso decidí viajar, dejé mi trabajo y partí sola. Me fui haciendo amigos por todos lados y eso me voló la cabeza, me encantó. Después de ese viaje cuando volví a Argentina seguí pensando en qué podía hacer para seguir dando vueltas por el mundo”.

En ese momento volvió la idea del máster. Lo primero que averigüé fue el tema del idioma. Y Francia se convirtió en una opción bastante rápido. “No lo analicé demasiado -recuerda-. Había visto un par de universidades en Francia y ahí comenzó mi camino acá, sin imaginarme que me iba a quedar definitivamente”.

Lo más difícil de migrar para Galia es extrañar. “En mi caso, todo. Muchísimo a la familia y a los amigos, las comidas, el clima, acá hace mucho más frío. Ahora con el celular y las redes sociales siento que estoy bastante más conectada que lo que fue hace un tiempo, pero me gustaría que viva todo el mundo acá”. Otros temas que la afectan es la frialdad de la gente y la oscuridad. “Ahora es invierno y oscurece a las cinco de la tarde. A veces amanecés y a las pocas horas ya es de noche “, cuenta. Aunque tuvo muy buenas experiencias, Galia nunca dejó de extrañar y siempre está tratando de convencer a todo el mundo para que viaje. “Igual hoy me encuentro muy feliz -continúa-. Acabo de ser mamá. Hoy vivo con mi novio y nuestra hija, que tiene casi dos meses. Mi vida dio un vuelco por completo, pero no me arrepiento de nada. Estoy muy feliz”.

Me dije, ¿por qué no probar y ver qué sale?

Cuando se le pregunta cómo comenzó Fratina, asegura que debió pensarlo mucho, y no sabe exactamente como fue. “El recuerdo más somero que tengo es que empecé a cocinar para mi en casa, porque amo comer real -relata-. En Argentina quise estudiar pastelería pero el día que me fui a inscribir, me terminé anotando en la carrera de chef. Cursé solo un año, durante el que la pasé increíble, pero lo dejé porque siempre pensaba que era solo un hobby. Lo cambié por marketing digital. Ahora pienso que fui pivoteando entre diferentes cosas y me arrepiento de no haber pensado mejor qué era lo que efectivamente me gustaba”. Estando en Francia le empezaron a hacer falta las costumbres típicas de Argentina. “Amo los alfajores y las medias lunas -sigue-. Me dije, ¿por qué no probar y ver qué sale? Mi novio fue de gran ayuda en el proceso porque fue difícil, me desmotivaba demasiado rápido, pero él siempre me alentaba. Incluso en la pandemia, un momento que no colaboró, pero bueno puede salir adelante”.

Ese es el recuerdo primigenio de Fratina: probando recetas. “Cuando vi que el resultado era increíble y comí las primeras medialunas, me dije, estoy en Argentina”.

Cuando la felicidad por los sabores reconocibles rebozaba, la siguiente meta se convirtió en una tentación irresistible: “¿y si pruebo con mi pastelería?”, se desafió Galia. Primero se tentó con la importante comunidad de argentinos que es bastante numerosa. Las cosas salieron muy bien. Tiene una amplia clientela de coterráneos y latinos, pero también una gama fiel de franceses que se dejaron tentar por los “croissant a la argentina”.

“Lo más complicado en un principio fue encontrar proveedores, porque no conocía a nadie -revela-. Entonces, empecé de cero y todo en francés. Más allá de que entendía mucho más el idioma que cuando recién había llegado, no conocía ni lugares ni gente que hiciera lo mismo que yo como para poder asesorarme o aprender de ellos, tener idea de cómo manejar las redes sociales, las compras, las entregas… Fue un súper desafío porque, además, me daba mucha vergüenza, pero necesitaba darme a conocer para llegar a mi público”.

Crear su propia marca y los famosos argentinos

Al principio, cuando lanzó su propuesta en Instagram, decidió no aparecer ella en persona, sino darle espacio a sus creaciones. “Estuve un año sin dar la cara y lo peor de todo es que había estudiado marketing digital, y estando del otro lado, asesorando a alguien, todas las recomendaciones que yo le daría a otro es todo lo que yo no hice. Aún sigo a veces sin hacer lo que recomienda la ortodoxia del manejo de las redes, porque es muy difícil cuando sos vos para vos mismo, y más que nada porque me da bastante vergüenza aparecer ahí en la pantalla, Aunque no es necesario al cien por ciento que uno aparezca, sí es cierto que humaniza bastante a la marca”.

¿Cómo se animó en casa de los especialistas a competir con un producto que está en el corazón de los franceses? Con mucho de atrevimiento y otro tanto de profesionalismo. “Acá la pastelería es perfecta, elegante, deliciosa, pero no nos llega al alma como una buena medialuna rellena de dulce de leche o un alfajor de maicena casero, sobre todo cuando es algo que no podés conseguir y comprar todos los días a la vuelta de tu casa -explica Galia-. Mis clientes me agradecen bastante por eso. Es un viaje hermoso con todos los sentidos”.

Recibió una ayuda impagable de los argentinos que eran jugadores del PSG por entonces, Ángel Di María, Lionel Messi, su esposa Antonella y Wanda Nara, quienes de forma desinteresada compartieron su proyecto en sus propias redes. “Cuando me hablaron por primera vez -recuerda- yo estaba en shock, no podía creerlo y sigo sin hacerlo”. La eligieron todo el tiempo que pasaron en París, por eso recuerda con tristeza la partida de Messi y Antonella.

Hoy afirma que se encuentra en una situación bastante desafiante. “Con mi bebé me tengo que organizar súper bien para poder llegar a todo -explica-. Mi prioridad es mi hija, pero no voy a dejar de trabajar de la manera que lo venía haciendo. Para poder llegar a mis clientes, que son fieles ahora, mi idea no es expandirme, sino poder cumplir con sus expectativas, pensando en lo que se viene para un futuro a mediano plazo. Hoy entrego pedidos en toda Francia y mi mi idea es en un futuro poder llegar a todo Europa.

Galia se atrevió a competir en Francia con uno de los productos emblemáticos de la patisserie local. No sólo se convirtió en emblema de los croissants en la Ciudad Luz, sino que también ahondó en la oferta y ofrece empanadas típicas argentinas y otro tipo de confituras, además, ya sumó otro punto de venta en Champs sur Marne.

 

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