Una vocación desde la cuna, el enojo de su padre y una ingenuidad maliciosa para la actuación: Tincho Zabala y sus siete décadas en el espectáculo

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Tincho Zabala en la recordada película "Expertos en pinchazos" junto a Moria Casán
Tincho Zabala en la recordada película «Expertos en pinchazos» junto a Moria Casán

A los 78 años, Martín Pedro Zabalúa Marramoti -conocido como Tincho Zabala- transitaba un momento culmine de su carrera artística. Era un consagrado artista a base de prestigio, popularidad y reconocimiento de sus colegas, que se había destacado en su paso por la radio, el cine, la televisión y el teatro.

En 1999 realizó su última intervención cinematográfica en Ángel, la diva y yo, de Pablo Nisenson. Para esta etapa su salud estaba desmejorada y de a poco se empezaba a despedir del medio que lo mantuvo vigente durante siete décadas.

En el 2000, ya con 77 años, había participado en las tiras Primicias –producción de Polka– y Verano del 98, con labores destacables. En la novela de Telefe componía un personaje bautizado simplemente El Abuelo. Era, en verdad, casi un rol que excedía la misma ficción: como veterano y reconocido actor, se había ganado el respeto de sus colegas mucho más jóvenes (e inexpertos). “Comparto elenco con chicos y chicas que tienen muchas inquietudes. Son respetuosos y humildes como para preguntar. Eso me halaga… Ojalá algo de los que les digo, les sea útil. Yo he pasado por lo que están pasando ellos, y por eso nada me sorprende”, comentaba el humorista uruguayo.

A fines de 1980 había sido operado del corazón y en noviembre del 2000 se le puso un by pass en la pierna. Tiempo después debió ser atendido quirúrgicamente por una infección hospitalaria, de la que falleció a los 78 años el 23 de febrero de 2001, en Buenos Aires.

Tincho Zabala era un actor con un amplio registro
Tincho Zabala era un actor con un amplio registro

Zabala había nacido un 4 de febrero de 1923 en Montevideo, Uruguay . Era hijo del actor y director Martín Zabalua. En 1927 su familia llegó a la Argentina, y un Martín adolescente inició su carrera en la radio La Voz del Aire, en 1937. Después lo hizo en El Mundo, actuando en diversos radioteatros como Los Pérez García y programas cómicos como El Relámpago y La craneoteca de los genios, donde -siempre recordaba- ganaba 25 pesos mensuales.

Con el tiempo fue afirmando su pasión por el teatro: sobre las tablas interpretó clásicos de la comedia como Goldoni o Moliére. En 1951 cultivó -junto a Blanquita Amaro– el género revisteril, y a lo largo de su carrera tuvo grandes maestros como Luis Sandrini y Miguel Coronato Paz. Armando Discépolo y Milagros de la Vega fueron sus guías en el teatro serio. “Cuando le confesé a mi padre que quería ser artista fue una de las pocas veces que lo vi realmente enojado. Me miró fijo y dijo con toda seriedad: ‘¡Qué ganas tenés de andar descalzo!’”, había revelado el artista uruguayo en una entrevista televisiva.

La pasión de Zabala por la escena lo llevó a realizar clásicos como Sueño de una noche de verano, de Shakespeare, entre muchas otras obras, incluidas La pícara valenciana o Divorcio Compartido, de Zuhair Jury. Para Tincho, el uruguayo Toto Paniagua era el modelo de cómico a seguir. Su admiración por el actor de Pajarracos y pajaritos y Los desconocidos de siempre tenía argumentos: “Toto -explicó- tenía poder de síntesis, y llegaba al alma del público con la conmoción de la risa, que es un arte sin tiempo”.

El actor, que cautivaba al público con una mirada de una ingenuidad maliciosa, causaba desde una risa hasta un llanto. Participó en 35 películas, y en televisión integró numerosos ciclos, siendo muy recordados La Tuerca y Los Hijos de López.

Tincho Zabala en «La Tuerca» (Infobae)

En uno de los sketchs de La Tuerca, cuatro o cinco jubilados, interpretados por el propio Tincho, Guido Gorgatti y Pato Carret, entre otros, se sentaban en un banco de plaza y compartían comentarios sobre cuestiones personales y sobre la realidad política argentina, a los que sazonaban con muletillas que estaban dispuestas allí por el director y guionista Héctor Maselli, justamente, para causar gracia.

La frase que se popularizó en aquella época era la que solía emplear Tincho Zabala, de manera premonitoria, para hacer valer sus derechos de ferroviario con métodos poco ortodoxos. “Yo agarro un fierro y le empiezo a dar y dar y dar”, explicaba el anciano, en su apología de la violencia.

En 1985 secundó a Jorge Porcel en la película picaresca Mirame la palomita, y al año siguiente, filmó en Mar del Plata, con Tristán y Susana Traverso, Camarero nocturno. Luego compuso el personaje de Don Genaro en Brigada explosiva contra los ninjas, y el de Francisco Berlovento en Atracción peculiar, de Enrique Carreras, donde uno de los protagonistas era Alberto Olmedo.

Tincho Zabala en «Atracción Peculiar» (Infobae)

Artista vocacional, ganó numerosos premios por distintos trabajos. “Mi vida es muy simple: mi vocación se inició casi con mi nacimiento. Mi padre era Martín Zabalúa, el creador de Los Pérez García; mi abuelo paterno era concertista de violín y mi hermano Julio Durán también lo fue. Todo eso influyó para que yo me hiciera actor”.

Con casi 60 años de trayectoria artística, Zabala logró el Cóndor de Plata por su actuación en el filme No te mueras sin decirme adónde vas, de Eliseo Subiela, y actuó en otras películas como Los chantas, del recordado José Martínez Suárez. “Pienso que el público es un monstruo de mil cabezas y, salvo circunstancias muy excepcionales, siempre ríe por lo mismo. Los espectadores rusos disfrutaron a carcajadas el trabajo de Olinda Bozán en Las locas, sin entender el idioma”, reivindicaba una y otra vez.

Zabala jugó muy fuerte en aquella elección de 1989 cuando en la Argentina se eligió nuevo presidente. Por su origen radical se mostraba a favor de la fórmula que encabezaba Eduardo Angeloz, y que el 14 de mayo de ese año perdió por más de 10 puntos ante Carlos Menem.

"Me gustaría ver las caras más alegres y que todos estén contentos. Que vivamos con libertad, compañerismo y todos agarrados de la mano”, insistía en cada reportaje el recordado Zabala
«Me gustaría ver las caras más alegres y que todos estén contentos. Que vivamos con libertad, compañerismo y todos agarrados de la mano”, insistía en cada reportaje el recordado Zabala

“La democracia es una casquivana, pero es lindo caminar por el filo de la navaja de la democracia y seguir con ella hasta que Dios nos llame a su lado”, sostenía Zabala. “A mí interesa que todos busquemos el bien… Me gustaría ver las caras más alegres y que todos estén contentos. Que vivamos con libertad, compañerismo y todos agarrados de la mano”, insistía en cada reportaje, tratando de no incidir en el voto popular, pero sí marcando una diferencia sobre el resto de los partidos políticos que él tanto respetaba.

Sin dudas, fue otro de los grandes artista que dejó su huella en la escena nacional. Esos que son capaces de hacer reír y llorar, siguiendo una tradición dramática que nunca olvida el corazón.

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